sábado, 16 de septiembre de 2017



                              ¿ESTUVIERON ANÍBAL Y VIRIATO 
                                   EN CUEVAS DE VELASCO?




Para responder a esta pregunta es preciso saber que hoy desconocemos casi todo lo que sucedió en el valle del río Mayor antes del siglo XII. Así que cualquier aseveración de ese tipo ni puede ser desmentida ni puede ser confirmada con absolutas garantías.


Ya hemos comentado en algún artículo de este mismo blog que Aníbal sometió a los olcades, pueblo que ocupaba en aquel tiempo grandes zonas de la Mancha y la Alcarria conquenses. Este hecho es histórico y hoy no admite dudas. Se sabe que el general cartaginés tomó la capital de los olcades, Althia, ciudad sobre cuya localización aún hay ciertas reservas, aunque cada vez más historiadores se inclinan por situarla en el actual Alconchel de la Estrella, pueblo situado a unos 50 km de Las Cuevas. Es de suponer que el eco del aplastamiento de la principal ciudad de los olcades por el genio militar cartaginés debió producir una gran intimidación a todos los demás núcleos olcades. Pero también cabe la posibilidad de que el general norteafricano emprendiese una razzia por todas las demás plazas con el fin de mostrar su poder, saquear todo lo que fuera posible o imponer un tributo a cambio de respetar vida y bienes. Los textos históricos hablan del gran botín con el que Aníbal regresó a Cartago Nova tras la conquista de Olcadia. 


Así pues, la posibilidad de que Aníbal se internase en el territorio olcade, por Huete y ascendiese por la vega del Mayor no es una entelequia. Se trata simplemente de un hecho perfectamente posible, pero no recogido en ninguna fuente conocida. 

                                   

En cuanto al caudillo Viriato, sus hazañas, recogidas en la historia, están fuertemente impregnadas de componentes legendarios. Y una de estas leyendas del caudillo de la resistencia hispana ante los romanos hace referencia al asesinato del incansable luchador por tres traidores y a su posterior incineración sobre el tormo alto de la Ciudad Encantada de Cuenca. Otras leyendas hablan de una dama de estas tierras a la que solía visitar el lusitano en los periodos entre combates.

                                                 

Que Viriato anduvo por la actual provincia de Cuenca es algo absolutamente verídico. Los movimientos de sus tropas eran continuos y aunque hoy no se conocen bien ni siquiera los emplazamientos de sus campamentos, parece seguro que también combatió contra los romanos entre los ríos Tajo y Guadiana. Es célebre su asalto a la ciudad celtibérico romana de Segóbriga, cerca de la actual Sahelices. 

Algunas fuentes romanas lo tildan de bandido simplemente mientras que la mayoría de historiadores lo describen como un estratega de grandes dotes, un hombre de costumbres sobrias y con un alto sentido de la justicia. Durante su mandato no se registró ninguna disensión importante en su ejército.


                                     


Lo que sí parece claro es que tanto Viriato como Aníbal difícilmente pudieron visitar el actual asentamiento de la villa de Cuevas, porque es más que probable que en aquel tiempo no existiera, aunque, con seguridad, ya existían núcleos habitados a lo largo del valle del río Mayor. 

Pero ¿de dónde surge la leyenda de que estos dos destacados caudillos de la antigüedad hollaron el suelo de Cuevas de Velasco? 

Creemos que durante el siglo XIX y parte del siglo XX, algunos historiadores, influenciados por el Romanticismo, concedieron muchas veces el mismo peso a las tradiciones orales que a las fuentes escritas, y así añadieron oropel y épica a los relatos. El resultado es en gran medida una historia plagada de inexactitudes e invenciones.

Reproducimos a continuación un artículo del semanario gráfico literario La Ilustración Castellana, de Cuenca (1927), firmado por Inocente García y Carrillo. En este escrito se identifica a Cuevas de Velasco con una mítica ciudad llamada Atanazor o Anatazor, nombre que difunde también el propio Pascual Madoz en su célebre Diccionario…

QUEDÓSE atrás la estación provinciana, y la ciudad dormida en la penumbra del alba, nos despidió con sus luces amarillentas entre el abigarramiento del caserío heterogéneo. Se arrastró el convoy sobre el férreo puente que salva el abismo; atrás quedaron las ondas rumorosas del Júcar .Y los chopos gallardos de la ladera, y fueron pasando cerros, llanuras, viñas, las del octubre apacible y dorado con higueras de meloso fruto. y en el conjunto polícromo del valle, reconstruimos la jornada sangrienta de 1837, cuando el carlista Cabrera, después de saquear Cuevas de Velasco, se replegó sobre Arcos de la Cantera. Se agolpan a nuestra mente nombres y fechas y lugares; miramos al campo y nos parece ver el reflejo de las bayonetas y oír el mortífero bramar de la metralla. ¡Ideales de los años que se hundieron! ¡La sangre vertida en fratricidas combates. Entornamos los párpados; nos acercamos a la antigua Atanazor, un escalofrío de emoción nos traspasa la médula al pensar que en aquel mismo lugar pisara el caballo de Aníbal o dieran una feroz acometida las hordas belicosas de Viriato. Hemos salido de Cuevas de Velasco, vamos hacia Castillejo del Romeral, donde está el palacio del Marqués de Caracena... 









martes, 12 de septiembre de 2017

                                          LA  LOMA  DEL  MUERTO


Estas cosas se presentan de improviso, mientras hablas con un pastor, con un campesino o con un anciano. Estoy en la plaza, metido en una charla anodina con un residente, cuando, de repente, algo en su relato despierta mi atención. Habla de un cerrillo, de una sepultura, de unos huesos...

- A ver, a ver – lo interrumpo - , entonces, ¿dices que había una tumba allí? ¿Con el cadáver dentro?

El hombre, con paciencia, repite su relato.

- Como te digo. Me llamó Félix, el poeta, para que me entiendas. Me dijo: “Ven acá conmigo si quies ver algo...” Y naturalmente, me acerqué con él a una lomilla que había allí cerca. Destapó unas piedras, no recuerdo bien.., y apareció un esqueleto. Estaban casi todos los huesos. De esto hará ya más de 50 años. Me llamaron la atención los dientes del muerto, así que los cogí y los guardé en una caja…


El relato parece creíble. Así que le pido datos exactos de la ubicación del lugar del enterramiento.

- Verás – me dice con paciencia-, hay una loma baja con una construcción extraña. Parece un antiguo corral de ganado, pero no es un corral por lo que voy a decirte: ni hay restos de basura, ni la situación es la habitual de un aprisco ni tiene hechuras de corral. Además hay por acá y por allá unos sillares de piedra muy bien labrados.



Me falta tiempo para coger la bici y realizar una primera visita, urgente, al lugar. Lo que encuentro allí confirma todo lo que el hombre de Cuevas me había contado. En efecto, se trata de una loma exenta, de baja cota, como de unos diez o doce metros sobre las tierras de alrededor. Sobre este pequeño promontorio se observa perfectamente un cinturón de piedra, restos de un muro en forma ovalada, de unos 80 m de perímetro.



Mi primera inspección aporta también algunos datos importantes: no aparece nada de cerámica en superficie. El único objeto que encuentro, compatible con la existencia de una cultura antigua sobre la loma, es un percutor de sílex. Otros hallazgos casuales son: un fósil y un casquillo de bala, de gran calibre, de los cartuchos empleados para la caza mayor.



Como dijo mi informante, no se aprecian en absoluto señales de que el lugar haya estado ocupado por un corral de ganado. Pero, entonces, ¿qué sentido tiene esta construcción? Si tampoco aparecen restos de vasijas, que suelen estar presentes en cualquier yacimiento arqueológico, ¿qué utilidad tuvo este cercado de piedras? 

En la ladera norte de la loma hay una choza de guardaviñas en cuya construcción, muy reciente, se han empleado soberbios peñascos labrados a escuadra. Resulta todo un tanto enigmático.



Dejo trascurrir un par de días para ir armando hipótesis sobre lo que pudo haber en la loma. Y realizo una segunda visita. En esta ocasión marco un punto al azar sobre la cúspide de la colina y comienzo a escarbar. De inmediato, a unos quince o veinte cm de la superficie, aparece una piedra. Extraño, pues no es terreno de piedras, salvo las que haya podido trasladar allí el hombre. Después de dar con la piedra, encuentro otra alineada, y otra más. Comprendo que se trata de un alineamiento de piedras, sin duda. Limpio bien la excavación con unos tomillos y ya no hay duda: estoy ante una pared de piedra. No se trata de lajas, como las que enmarcan ciertas tumbas, sino de piedras de mediano tamaño, manejables, pero perfectamente alineadas.



El sol cae de forma despiadada sobre el lugar. Como si una maldición quisiera frustrar mis planes de averiguar qué hay al otro lado del murete que acabo de descubrir, el calor se hace insoportable y me derrite de manera inmisericorde. Me incorporo en medio del árido paisaje abrasado por los calores de este verano ardiente. A lo lejos veo aproximarse el rebaño a la zona de amorre. No se oye un sólo pájaro, ni un insecto… El cíclope descomunal de la Peña del Aguililla me mira inquietante desde el vano de su enigmático ojo. Decido regresar al pueblo y volver... quizás por la tarde. Pero una noticia inesperada me obliga a abandonar el pueblo de inmediato.



Allí queda aquella pequeña brecha abierta, como una cortina que se descorre para descubrir qué hay más allá, quiénes colocaron aquellas piedras, qué construyeron… ¿Fue un pequeño fortín? ¿Una tumba? ¿Acaso un recinto sagrado para el culto? No lo sabemos, pero, casi con seguridad, en una próxima visita al lugar ya podremos adelantarles el uso que se dio en el pasado a la extraña construcción de la loma de La Hoya. 


viernes, 8 de septiembre de 2017

                        EL HUERTO DE PACO MOLINA



Cuando uno llega a la jubilacion, una de las actividades que atrae tanto a hombres como a mujeres es la horticultura. Poner y cuidar un huerto se convierte así en una especie de pasatiempo del que, sin duda, se obtiene un provecho material, además de la satisfacción del laboreo de la tierra.


- Ven a ver mi huerto – me dice Paquito Molina con un cierto asomo de entusiasmo de campesino aprendiz.

La Peñuela es el único oasis que ha quedado en el pueblo en este verano abrasador. Todas las fuentes se han secado, incluso la fuente de El Caño. La cosecha de cereal ha sido muy floja y la de girasol recibe ya demasiado tarde estas lluvias de finales de agosto.



Sin embargo, ahí, a medio kilómetro del pueblo, la poza de La Peñuela se muestra a rebosar. Parece un milagro. Siempre fue una fuente con un manantial exiguo. Con frecuencia debíamos poner una hoja de higuera a modo de tornajilla para poder beber en el caño del pilar. Y la poza se surtía de unas venitas de agua que apenas si podían verse rezumar entre las piedras.



Media docena de vecinos vienen poniendo huerto en La Peñuela. Este año, aconsejado y guiado por los hermanos Puerta, ha profesado como hortelano Paco Molina. Y su huerto, a tenor de lo visto, es un compendio perfecto de lo que toda la vida fue un huerto en Cuevas de Velasco: unos surcos de pimientos, un par de tablares de tomates, pepinos, calabacines, un par de golpes de hortalizas exóticas, unas acelgas y alguna planta aromática.



Paco recoge su cosecha moviéndose despacio entre las matas, pone la pisada con precisión para no dañar las platas y aparta las hojas con sumo cuidado. Se diría que es un cirujano interviniendo. Mientras, responde a mis preguntas de curioso y va desgranando todos sus saberes adquiridos desde la primavera. 




- ¿Mula mecánica dices? Ni hablar. Todo esto lo he cavado a mano. Cuatro veces.

- ¿Y qué abono le pones? -pregunto.

- ¿Abono? ¡Más de 40 carretas de basura hemos bajado! Por cierto, me dicen que la fuerza de esta basura se notará más el año próximo.

- ¿Tienes agua suficiente para regar?

- ¡Buenoooo! Agua hay toda la que quieras. Mira, en una noche se llena la poza. ¿Ves este chorro? Pues no es de la poza, no; esta agua es la que sobra de la poza.



Las matas de pepino rinden ya una de las últimas recolecciones de la temporada. Amarillean entre el verde follaje los panzudos pepinos dejados como simiente para otro año. Y el cubo, poco a poco, va llenándose de estas refrescantes hortalizas, ventrudas, de formas caprichosas, como joyas esmeralda.

- Coge algunos, anda – me dice.

Los tomates comienzan a enrojecer. Se presume una buena cosecha. Siempre se dijo que los tomates de Las Cuevas eran exquisitos. 



Bajo el palio de la exuberante vegetación de La Peñuela, al lado del huerto, está la choza en la que se guarda la herramienta y se dejan otros enseres. El silencio reina en la vega. Luego baja un tren, unos pajarillos arman alboroto entre los zarzales y una urraca cuchichea en las proximidades.




Apunten esta manera de ser feliz. Paco disfruta, por más que uno sepa bien, por los recuerdos de la infancia, que un huerto exige trabajo y muchos desvelos. 

Pero, mirándolo bien, no descubrimos aquí nada nuevo. Ya lo decía nuestro paisano belmonteño Fray Luis de León en su Oda a la vida retirada.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 
                                                  Fray Luis de León



video


lunes, 4 de septiembre de 2017





                                 VERANO DE 20017

Un año más el pueblo de Cuevas ha vivido con intensidad los meses de julio y agosto. Todo ello gracias a un grupo de entusiastas que desde la Asociación de Vecinos y Amigos de Cuevas de Velasco se encargan de organizar y sostener diferentes actividades lúdico-festivas que animan a los habitantes y que nos hacen a todos pasar un verano agradable.

Ya en el mes de Julio, concretamente el día 22, tuvo lugar la llamada Fiesta del Verano, antigua Fiesta de El Cano, que dio ocasión a vecinos y visitantes de asistir a una cena de hermandad en la Plaza de la Villa y a la posterior velada de baile. 


Hemos comprobado en varias ocasiones cómo estos actos en los que participa casi todo el mundo unen a la gente. Sucede también con las excursiones o cuando se acompaña a la Danza en sus actuaciones.


En esta ocasión el menú ofreció platos preparados por una empresa de Catering. 

En la Cena de Sobaquillo, ya en el mes de agosto, cada casa preparó sus especialidades y luego se compartió todo con los asistentes a la cena en la plaza del pueblo. La fórmula funciona bien y pueden degustarse tanto platos típicos del pueblo como guisos y condumios de otros lugares. La repostería tiene también una importante representación.

El día 14 de agosto tuvo lugar la Jornada de Cuevas Abiertas, actividad absolutamente imbricada con la tradición y con el nombre de nuestro pueblo. 


El éxito de esta Jornada fue espectacular. De ello dan fe no solo quienes la vivieron sino también la prensa, algunos de cuyos enlaces pueden ser consultados desde esta página.






Animamos a los organizadores a incorporar en años sucesivos la Jornada de Cuevas Abiertas a los actos festivos y culturales del verano. 


El Mercadillo es un acto ya veterano en los veranos de Cuevas de Velasco. El de este año, celebrado el día 19 de agosto, mantuvo su nivel y su enorme poder de convocatoria.




Hay que añadir, otras actividades, como el concierto de Saxos, las actividades de lectura, la Ludoteca o la Exposición de fotografías de Diego Castillejo Arana...

Nos quitamos el sombrero ante los organizadores, animadores y colaboradores de todos estos actos. En realidad, todos debemos reconocer que solo el esfuerzo desinteresado de toda esta gente hace posible que el verano de Cuevas de Velasco sean tan agradable y ofrezca tantos alicientes para divertirse. Hemos de concienciarnos de que es preciso participar en el esfuerzo que toda esta buena gente realiza y colaborar con ellos.




viernes, 14 de julio de 2017



                       CENSO DE PECHEROS DEL AÑO 1528 

                                  CUEVAS DE VELASCO

Campesinos del siglo XVI


La obsesión de los monarcas por conocer el número de súbditos para aplicar los impuestos de manera más eficaz ha sido una constante a lo largo de la historia. 

El censo de pecheros del año 1528 pretendía ejercer una presión fiscal más real y equilibrada que la realizada hasta entonces. El emperador envió a las villas y lugares de España funcionarios públicos para estar presentes en los recuentos, porque, habitualmente, cuando se realizaban censos y catastros, los encuestados mentían para pagar menos.

Emperador Carlos I de España


Un “pechero” era un ciudadano que debía pagar impuestos. Estaban exentos de pagar impuestos los grandes de España, los nobles, parte del clero y otros grupos que por unas u otras razones no cotizaban al fisco. Se observa en el Censo de Pecheros del año 1528 un gesto de sensibilidad al considerar a las viudas y a la gente del clero como “medios vecinos”, es decir, cotizantes al 50%. 

En el Censo de Pecheros no aparecen los habitantes sino los cabeza de familia sobre los que se aplican los impuestos, así como alguna viuda o mujer que por diversas circunstancias se hacía cargo de la casa y algún clérigo. Para conocer aproximadamente el número total de habitantes deberemos multiplicar la cifra que aparece en el Censo por 4 o por 4.5, según opiniones.

Manuscrito del Censo de Pecheros de 1528



Censo de pecheros del año 1528. Tierra de Cuenca y Tierra de Huete 

  Censo de pecheros de 1528. Tierras de Huete y Cuenca

PUEBLO
NÚMERO DE PECHEROS
(NÚMERO DE CONTRIBUYENTES)
Villar del Saz de Navalón
49
Chillarón
32
Villar de Domingo García
61
Bólliga
48
Villar del Maestre
51
LAS CUEVAS DE VELASCO
75
Castillejo
44
La Ventosa
151
Valdecolmenas de Abajo
40
Sotoca
14
Culebras
34


Lo primero que llama la atención es que, a excepción de La Ventosa, Cuevas de Velasco era la villa con más contribuyentes en los territorios limítrofes entre las tierras de Huete y de Cuenca.

Hacia 1527/1528 Las Cuevas contaba ya con más de 300 hatitantes, población que se vería duplicada hacia finales del siglo XVI.

La clave de este predomino demográfico de La Ventosa y de Las Cuevas es, sin duda, la extensión y la calidad de sus tierras de labor. La Ventosa posee una vasta y fértil vega, al igual que Las Cuevas que, aunque de menor superficie, cuenta también con un importante valle apto para el cultivo.

Por otro lado, sabemos que, a partir de la emancipación de Huete, y la obtención del villazgo, Las Cuevas amplió seguramente sus territorios de cultivo hacia la parte que se denomina El Cerro, zona situada al sur de la villa.




Podríamos decir que durante el siglo XVI se produjo en Cuevas una explosión demográfica que la llevaría a alcanzar su techo de habitantes hacia el final de la centuria, tras lo cual comenzaría una larga crisis que abarca gran parte del siglo XVII y en la que, por diferentes motivos, perdería prácticamente la mitad de la población. 




viernes, 7 de julio de 2017





                          ¡ A LOS RICOS DORMIDOS !



En La Alcarria se rinde culto en la mesa a una amplia repostería con sello propio: flores, alajú, rosquillas de sartén, rosquillas de anís, magdalenas, mantecados, perrunas, perrunillas, suspiros, torrijas…, de la que hoy seleccionamos los dormidos.

Los dormidos son unos bollos típicos de Cuevas de Velasco que se han trabajado en los hornos del pueblo desde hace siglos. Estas joyas gastronómicas orondas, tostadas y bruñidas merecen un puesto destacado entre los yantares locales.



Los dormidos solían estar presentes en las grandes celebraciones, en festividades, en bodas y bautizos, pero también eran un importante componente extracalórico para segadores que trabajaban como titanes en los campos.

Los segadores y acarreadores los tomaban como desayuno, antes del inicio de la siega o tras haber echado unos lomos, acompañados de un buen vino o de anís. Para las fiestas de El Cristo y en las bodas solían tomarse con chocolate.



INGREDIENTES:
(para una canasta)

- 1 y ½ l de aceite de oliva

- 1 y ½ l de agua

- 750 g de azúcar

- levadura

- 1 docena de huevos

- harina, la que admita…



PREPARACIÓN:

- Se pone en un barreño la harina y se añade el aceite tibio, los huevos batidos, el agua, el azúcar y la levadura.

- Se amasa como si fuera para hacer panes. No dejar la masa ni correosa ni tiesa.

- Se tapa bien el barreño y se espera que suba la masa. A veces será preciso dejar dormir la masa, de ahí viene el nombre, durante una noche. Luego se modelan los dormidos y se dejan sentados sobre papel untado con manteca, cubiertos para una segunda fermentación.


- Se untan con huevo batido con azúcar y se ponen en el horno. Hornear a intensidad media hasta que estén bien dorados.



¡OJO! Para la receta que les presentamos hemos tomado solo 1/6 de los ingredientes.

VARIACIONES:

- Pueden enriquecerse los dormidos con ralladura de limón o de naranja, un poco de manteca, mantequilla...leche….





lunes, 3 de julio de 2017





               EL  FIN  DE  LOS  TIEMPOS





¿SE ACERCA EL FIN DE LOS TIEMPOS PARA ESTOS
PUEBLOS?

¿O LOS POLÍTICOS SERÁN CAPACES DE ARBITRAR MEDIDAS PARA EVITAR LA DESAPARICIÓN DE LOS PEQUEÑOS NÚCLEOS?

En los últimos meses se habla intensamente del problema del despoblamiento de la provincia de Cuenca, como si fuera un asunto que se hubiera presentado de sopetón, como si se tratase de una catástrofe que hubiera sobrevenido de repente. Y no es así, ni mucho menos. El éxodo de las gentes de los pueblos comenzó hace ya más de medio siglo, y nadie ha hecho nada para evitarlo, absolutamente nada.

Los titulares son rotundos y ponen a nuestra provincia, e incluso a nuestro pueblo en el punto de mira.

La provincia de Cuenca pierde población y se sitúa por debajo de los 200.000 habitantes

28 Abr 2017 

Una pérdida de población que es más visible es pueblos pequeños como Cuevas de Velasco, municipio conquense donde viven menos de 30 habitantes

Por primera vez en dos décadas la provincia de Cuenca cuenta con menos de 200.000 habitantes. Una pérdida de población que es más visible es pueblos pequeños como Cuevas de Velasco, municipio conquense donde viven menos de 30 habitantes.

Una situación que provoca que en las calles no se vean niños y que la población cada vez sea más mayor. Hechos que hacen que Cuevas de Velasco esté en riesgo de despoblación. Las cifras de despoblación han provocado que se cierre incluso el bar.

El médico solo va dos veces a la semana. Incluso la venta de pan cada vez es menor. Solamente en verano parece repoblarse el municipio.

Cuevas de Velasco es sólo un ejemplo de la realidad de la provincia. Una despoblación que cada vez es más evidente y que ha dejado a Cuenca con menos de 200.000 habitantes. Situación que ha llevado incluso a que los empresarios conquenses se planteen iniciar un plan contra esta despoblación que se suma a las iniciativas del Gobierno regional para frenar estas cifras en Castilla-La Mancha.



LA DESPOBLACIÓN DE CUENCA, PROBLEMA DE ESTADO

La 'Red Cuenca' pide una solución para el problema más preocupante en la provincia de Cuenca

Paco Auñón

490 millones para frenar el despoblamiento en 623 municipios de Castilla-La Mancha

La Inversión Territorial Integrada (ITI) de Castilla-La Mancha llegará a 37 pueblos a la provincia de Albacete; 26 a la de Ciudad Real; 238 a la de Cuenca, 262 a la provincia de Guadalajara y 60 a la comarca de Talavera, en Toledo 

Estas zonas ITI engloban el 50 por ciento del territorio regional, aunque su peso demográfico es del 17 por ciento

Cuenca, Teruel y Soria piden ayuda a la UE para luchar contra el despoblamiento 


El Gobierno regional inicia acciones para frenar el proceso de despoblamiento en las provincias de Cuenca y Guadalajara 




(COMENTARIOS...)

Ahora van estos políticos y descubren que hay un problema serio producido por el irregular reparto de la población durante las últimas décadas. Pues yo digo que son unos auténticos necios si piensan que con planes de desarrollo de tres al cuarto y con fondos europeos de esos que se diluyen en las tramas corruptas van a conseguir algo. El problema es tan serio y tan delicado que no cabe aplicar medidas de maquillaje solamente. Hay que afrontar asuntos de la máxima gravedad, como el hecho de que muchos pueblos de la provincia, Las Cuevas también, están abocados a su total desaparición, si no se actúa con medidas contundentes , urgentes y duraderas.

La provincia de Cuenca puede convertirse, de hecho ya está en proceso, en una especie de estercolero radiactivo nacional. Y si no, piensen ustedes, qué provincia de España permitiría la instalación de un gran almacén de residuos radiactivos. Si la provincia de Cuenca contase con 2 o 3 millones de habitantes ¿ustedes creen que instalarían aquí un cementerio nuclear? Ni hablar. ¡Y ojito con adherirse a esta afirmación algún político ventajista o algún ecologistoide! Estos males no tienen que ver con la política sino con la imprevisión y con la necedad de la gente.

 Vemos pasar trenes AVE desde los ventanucos de nuestras aldeas desiertas, estamos viendo cómo nos sorben el agua para crear riqueza en otros lugares en lugar de crearla aquí, disponemos de una red de autovías de las más importantes de España, para que unos que viven en la periferia vayan al centro y para que los del centro viajen a las playas del Mediterráneo, mientras los últimos viejos de nuestros pueblos miran con resignación cómo todo aquello que fue su mundo se desmorona inexplicablemente. 



La gente se ha marchado a las ciudades. Las grandes ciudades lo engullen todo, también las esperanzas de futuro que tenían estos pueblecitos. Y nuestra provincia, mal colocada para recibir las influencias de los grandes núcleos industrializados, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, con el caso del Corredor del Henares, en Guadalajara, o el caso del norte de Toledo, tan próximo a Madrid, queda a la deriva, hacia su abandono total, como un paciente terminal.

Cuevas de Velasco tiene los días contados. La mayoría de sus hijos hoy estamos regados por medio mundo, engordando el saldo demográfico de las grandes urbes con nuestros descendientes. Mientras, el pueblo que nos vio nacer yace los largos inviernos en el olvido y en la soledad. Y solo unos cuantos días al año, merced al regreso de la diáspora, recobra el aliento.

Los grandes zarpazos que acaban con la vida de un pueblo se repiten una y otra vez con pasmosa similitud: primero baja la población en edad escolar, se agrupa a los niños que quedan en un aula unitaria y en el momento en que se le puede aplicar el criterio general de la ratio mínima (¡qué disparate!), zas, de un plumazo desaparece la escuela y su maestro. Luego cierran las tiendas, se marchan el cura, que acude solo a los actos propios de su ministerio, y el médico, que pasa consulta cuatro, tres, dos y luego un día a la semana; el pueblo queda con un bar que permanece cerrado durante el día y abre por la tarde un rato… En fin, cuando quedan solo ancianos, estos son amparados por sus familiares y primero pasan los inviernos en la ciudad, luego también la primavera y el otoño y acaban por volver al pueblo uno o dos meses de verano. 

Esta es la triste realidad. Son los hechos incontestables. Pero, ¿cómo es posible que una de las provincias más prósperas de España hace algunos siglos haya caído en esta espiral de abandono? ¿No existe ni una esperanza?

Hay ciclos y este de la huida hacia las grandes urbes no ha terminado todavía. El hombre del siglo XXI será urbanita. Una gigantesca corona circular que rodea a Madrid y que abarca provincias como Ávila, Segovia, Guadalajara, Cuenca, parte de Toledo… quedará despoblada. Sobrevivirá algún núcleo afortunado y se conservarán algunos monumentos cuyo mantenimiento sea posible. El resto volverá a ser terreno rústico, campo abierto, como era en la Edad Media, antes de la repoblación.